Amor, tu intensidad no supera la eterna duda
de si serás principio de la dicha o fin de la amargura,
Dios de lo miserable o príncipe de la fortuna,
tú que lo cubres todo o te escondes bajo la luna.
Vencerte es ganar una batalla y perder la guerra,
es vivir en el cielo con los pies sobre la tierra.
Dar de ti o quitar de ti, no duele cuanto hiere,
por el eterno castigo o la dulce mentira del que quiere.
Mi alma se halla enterrada en un lugar sin salida,
entre lo malo y lo bueno, entre la muerte y la vida.
¿Pues no dicen que eres consuelo, paz y armonía?
A mi solo me traes insomnio, temor y desvalía.
Lo que era dejó de ser hace tiempo, aunque sigue siendo,
las tinieblas cubren una parte de mi que no se ve viendo.
Lo que antes era poco, ahora es un exceso,
no me digas que soy yo y no tú quien permite eso.
No sé nada de lo que creía saber perfectamente,
solo sé que nunca hallaré respuesta a la pregunta siguiente:
¿Debo encerrar mi corazón para no manchar mi mente
con pensamientos inoportunos de lo que no es evidente?
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