Y la miraba yo incauto
y ella me sonreía
y por verla así tan bella
sangraba incompasiva la herida.
Y aún no puedo parar de mirarla
porque su reflejo me reclama
y el ansia invade mi cuerpo
que ingenuo toca la llama.
Sin embargo esta pena
aún no ha tocado espada
y mientras pueda despertar del sueño
seguiré sintiendola nada.
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